Hace 40 años una muchacha llena de sueños e ilusiones construyó una escuela mágica. La llenó de afecto y de juegos, de sencillez, de esperanza y de imaginación.

Era el verano de 1976 y a esa escuela llegaron 8 niños, ¡ocho! Y ocho eran las letras que formaban el nombre de la muchacha: M-A-R-I-P-E-P-A ¡Mari Pepa! Aquella fue la señal de que la escuela era mágica.